[Artículo cedido por Astrofísica y Física]

Situado a unos 129 años luz de la Tierra en la constelación de Pegaso, los astrónomos han sido capaces de ver cuatro exoplanetas orbitando en torno a su estrella, conocida como HR 8799. Descubiertos en 2008, fueron unos de los primeros exoplanetas en ser descubiertos mediante la técnica de imagen directa. Desde entonces, los científicos han continuado investigando este sistema llegando a la conclusión de que los cuatro planetas orbitan a su estrella con una resonancia de 1: 2: 4 :8, lo que significa que el periodo orbital de cada uno está relacionado con el periodo orbital de lo demás.

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Este diagrama revela la estructura propuesta de disco de gas y polvo que rodea la estrella TW Hydrae. Crédito: NASA, ESA y A. Feild (STScI)

La forma más probable para crear una sombra es tener un disco interior que está inclinado en relación al disco exterior. Observaciones submilimétricas de TW Hydrae realizada por ALMA (Atacama Large Millimeter Array) sugirieron una posible deformación en el disco interior.

Pero ¿qué causa que se deforme el disco? Para Debes “El escenario más plausible es la influencia gravitacional de un planeta aún sin observar, el cual está empujando material hacia fuera del plano del disco y retorciendo el disco interior. El disco desalineado está dentro de la órbita del planeta”.

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Crédito: NASA, ESA y J. Debes (STScI)

Un “juego de sombras” causado por un posible planeta. Un equipo de astrónomos liderado por John Debes del Space Telescope Science Institute (Baltimore, Maryland) indica que este escenario es la explicación más plausible para para la sombra que observaron en el sistema estelar TW Hydrae, situado a 192 años luz en la constelación de Hydra. El equipo de Debes descubrió el fenómeno mientras analizaban 18 años del archivo de observaciones del Telescopio Espacial Hubble de la NASA.

Según indica Debes, “Esta es el primer disco del cual tenemos tantas imágenes para un periodo tan largo de tiempo, y nos ha permitido observar este interesante efecto. Nos da la esperanza de que fenómeno de sombra pueda ser común en sistemas estelares jóvenes”.

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A pocas horas del final de este año 2016, creo que es bueno mirar atrás, y recordar que noticias y eventos han sido los más destacados. Ha sido un año emocionante sobre todo en el terreno personal, pero también astrónomicamente hablando. Cara a recordar lo más destacado del año os he preparado una colección de 12 posts, uno por cada mes, que he considerado como más destacados. Evidentemente es una elección personal, pero espero que os guste.

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Crédito: ESO

Tres equipos de astrónomos han empleado SPHERE, un instrumento diseñado para la detección de exoplanetas e instalado en el VLT (Very Large Telescope, Observatorio Paranal, ESO), para comprender la misteriosa evolución de incipientes sistemas planetarios. El aumento del número de exoplanetas conocidos en los últimos años ha convertido su estudio en uno de los campos más dinámicos de la astronomía moderna.

Hoy en día se sabe que los planetas se forman a partir de grandes discos de gas y polvo (conocidos como discos protoplanetarios) que rodean las estrellas recién nacidas. Su tamaño puede variar en cientos de millones de kilómetros. A medida que pasa el tiempo, las partículas de estos discos protoplanetarios chocan, se combinan y finalmente, forman cuerpos de tamaño planetario. Sin embargo, los detalles más sutiles de la evolución de estos discos de formación planetaria siguen siendo desconocidos.

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Crédito: ESO/M. Kornmesser
No cabe duda de que nos encontramos en un año de grandes descubrimientos y avances científicos: descubrimiento de las ondas gravitatorias,  llegada de la sonda Juno a Júpiter, despegue de ExoMars, una luna en torno a Makemake,…Y el pasado 24 de agosto, por fin, pudimos confirmar la existencia de un planeta potencialmente habitable orbitando a la estrella más cercana al Sol.
En este artículo repasaremos 10 cuestiones sobre este exoplaneta que todo el mundo debería conocer.

1.- ¿Quién descubrió a Próxima Centauri b?

“Pale Red Dot” es una búsqueda internacional para encontrar exoplanetas como la Tierra alrededor de la estrella más cercana a nosotros, Proxima Centauri. Utiliza el instrumento HARPS, instalado en el telescopio de 3,6 metros de ESO, en el Observatorio La Silla, así como las redes de telescopios LCOGT (Las Cumbres Observatory Global Telescope Network) y BOOTES (Burst Optical Observer and Transient Exploring System). Crédito: ESO/Pale Red Dot
El paso 24 de agosto se hizo oficial el descubrimiento de Próxima Centauri b (o para abreviar, Próxima b). Pero ya el pasado 12 de agosto se publicó en Der Spiegel la noticia del descubrimiento, lo que hizo que el rumor de la existencia del exoplaneta corriera por la red a la espera de la confirmación oficial.En 2013, Mikko Tuomi, encontró indicios de la existencia de Próxima b en datos de observación de archivo. Para confirmar el descubrimiento, el Observatorio Europeo de Sur (ESO) puso en marcha el proyecto Pale Red Dot (Pálido Punto Rojo) en enero de 2016. Entonces, los científicos, liderados por Guillem Anglada-Escudé de la Universidad Queen Mary de Londres, con la colaboración del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), analizaron datos tomados entre los años 2000 y 2014, comparándolos y analizándolos junto a datos tomados entre el 19 de enero y el 31 de marzo de 2016, dentro ya del proyecto Pale Red Dot.

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Crédito:

ESO/M. Kornmesser
El pasado día 15 de agosto, publiqué una entrada en el blog que recogía un rumor ampliamente expandido en la red: el descubrimiento de un planeta en torno a Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol.
Hoy ya podemos confirmar el hallazgo, aportando todavía más datos que han llevado a los astrónomos a deducir que dicho mundo posee condiciones de habitabilidad.
El planeta, nombrado como Próxima b, orbita a su estrella cada 11 días. Puede parecer una cifra llamativa, pero como Próxima Centauri es una estrella enana roja, su temperatura es más fría que la del Sol, por ello, el cuerpo recién descubierto podría ser también el más cercano en albergar vida, ya que su temperatura le permitiría conservar agua líquida en su superficie.

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Crédito: ESO

Buenos días, amigos astronómicos. Todavía tardaremos en comenzar nuestra actividad habitual en el blog. Tras la boda, nos fuimos de viaje y estuvimos de vacaciones, y todavía no hemos terminado la mudanza a nuestra nueva casa, por lo que seguimos sin tener Internet. Hoy os quería mandar un saludo para recordaros que seguimos aquí, con ganas de regresar a la actualidad astronómica. Son muchos los mensajes que me habéis dejado, y que una vez tengamos red en casa, contestaré uno a uno. ¡Lo prometo!

Pero claro, después de tanto tiempo, no sólo os voy a saludar. Ya que estamos conectados, no me voy a resistir a contaros una noticia publicada hoy mismo:

¿ Se ha encontrado un planeta similar a la Tierra alrededor de Próxima Centauri ?

Los astrónomos, a lo largo de los últimos años, han localizado varios planetas similares a la Tierra orbitando en torno a otras estrellas. Cuando decimos similares a la Tierra, hay que aclarar que hablamos de cuerpos de masas parecidas y que orbitan en la zona de habitabilidad de sus estrellas, no que sean mundos habitados como el nuestro. La zona de habitabilidad es aquella en la que un planeta podría poseer la temperatura adecuada para mantener agua líquida en su superficie.

Próxima Centauri es la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, siendo 4,25 años luz, los que nos separan de ella. Este astro forma parte de un sistema triple de estrellas, junto con Alfa Centauri A y B. Los astrónomos llevan muchos años estudiando este sistema con la esperanza de encontrar exoplanetas habitables en él, ya que de poder viajar a uno de estos mundos, sin duda, este sería el candidato perfecto. Por ello, los científicos quieren ser cautos, y aunque en los medios ya se puede leer la noticia de que se ha descubierto un planeta orbitando en la zona de habitabilidad de la estrella Próxima Centauri, todavía no se ha realizado un anuncio oficial por parte de los astrónomos encargados de dicha investigación.

Al parecer, a finales de agosto, podríamos tener una confirmación oficial de esta noticia. Pero hasta entonces podríamos pensar en las implicaciones que podría tener para nuestra comprensión de los mundos potencialmente habitables.

Más información en el enlace.

 

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Crédito: W.Rebel/en.wikipedia.org

Para Howard Isaacson, coautor y astrónomo en Berkeley (California), el sistema Kepler-223 aporta escenarios alternativos sobre cómo de formaron los planetas y migraron en un sistema planetario que es diferente del nuestro. “Los datos de Kepler y del telescopio Keck fueron absolutamente críticos en esta consideración”.

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Crédito: W.Rebel/en.wikipedia.org

Algunas etapas de la formación planetaria podrían implicar procesos violentos. Pero durante otras etapas, los planetas pueden evolucionar desde discos gaseosos de una manera más suave, tal y como probablemente ocurrió con los planetas de tipo sub-Neptuno de Kepler-223.

Según Mills “Sabemos que dos planetas migraron a través de este disco, se quedaron ‘enganchados’ y se mantuvieron juntos mientras migraban; encontraron un tercero y migraron juntos; encontraron un cuarto y nuevamente se ‘engancharon'”.

Este proceso difiere completamente de lo que los científicos creen que ocurrió con la formación de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, los cuales se formaron probablemente en sus actuales localizaciones orbitales.

Según indicó Mills, la Tierra se formó de cuerpos del tamaño de Marte o la Luna que chocaron en un proceso violento y caótico. Cuando los planetas se forman de esta manera, sus periodos orbitales finales no están en resonancia.

Sin embargo los científicos sospechan que los mayores y más distantes planetas del Sistema Solar, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, se desplazaron sustancialmente durante su formación. Pueden haber tenido resonancias que en algún momento recordaren a las vistas en Kepler-223, posiblemente después de interaccionar con numerosos asteroides y pequeños planetas (planetesimales).

Para Fabrycky “estas resonancias son extremadamente frágiles. Si los cuerpos se movían y golpeaban unos contra otros, entonces podrían los planetas haber abandonado la resonancia”. Pero de algún modo los planetas de Kepler-223 han logrado salvar esta dispersión.

Fuente de la noticia: “Kepler-223 System: Clues to Planetary Migration” de NASA.

 

Los cuatro planetas del sistema estelar Kepler-223 parecen tener poco en común con los planetas de nuestro propio Sistema Solar actual. Pero un nuevo estudio usando datos del Telescopio Espacial Kepler de la NASA sugieren un posible punto común en un pasado distante. Los planetas de Kepler-223 orbitan su estrella en la misma forma en que Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno lo hacían en los primeros tiempos del Sistema Solar, antes de migrar a sus actuales posiciones.

Según Sean Mills, autor líder del estudio, “Saber exactamente como y donde se forman los planetas es una cuestión sin respuesta en la ciencia planetaria. Nuestro trabajo esencialmente testea un modelo para la formación planetaria para un tipo de planeta que no tenemos en nuestro Sistema Solar”.

Los gaseosos planetas que orbitan Kepler-223, los cuales todos son mucho más masivos que la Tierra, orbitan cerca de su estrella. Según Mills “Este es el motivo del gran debate sobre cómo se formaron, cómo llegaron allí y por qué no tenemos un planeta análogo en nuestro Sistema Solar”.

Mills y sus colaboradores usaron datos de Kepler -de la misión conocida como K2- para analizar cómo los cuatro planetas bloquean la luz de sus estrellas. Esta información también proporcionó a los investigadores el tamaño y masa de los planetas. El equipo desarrolló simulaciones numéricas de migración planetaria que genere una arquitectura como la del actual sistema, similar a la migración que se cree que ocurrió con los gigantes gaseosos del Sistema Solar. Estos cálculos son descritos en la edición Advance Online de Nature del 11 de mayo.

La configuración orbital de nuestro propio Sistema parece haber evolucionado desde su nacimiento hace 4.600 millones de años. Los cuatro planetas conocidos del sistema Kepler-223, sin embargo, a pesar de ser más viejo, han mantenido la configuración orbital durante mucho más tiempo.

Los astrónomos llaman a los planetas de Kepler-223 como “sub-Neptunos”. Posiblemente consisten en un núcleo sólido y una envoltura de gas, y pueden orbitar sus estrellas en periodos que varían únicamente de 7 a 19 días. Son el tipo más común de planetas conocido de la Galaxia, a pesar de no haber nada parecido que orbite nuestro Sol.

Los planetas de Kepler-223 también están en resonancia. Su influencia gravitacional en otros cuerpos crea una relación periódica entre las órbitas. Los planetas están en resonancia cuando, por ejemplo, cada vez que uno completa una órbita alrededor de su estrella, otro lo hace dos veces. Tres de las mayores lunas de Júpiter, donde el fenómeno fue descubierto, muestran resonancias. Kepler-223 es el primer sistema que muestra cuatro planetas extrasolares en resonancia.

Según Daniel Fabrycky, coautor y miembro de la Universidad de Chicago, “Este es el ejemplo más extremo de este fenómeno”.

Fuente de la noticia: “Kepler-223 System: Clues to Planetary Migration” de NASA.

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