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Jun 23 2016

Montañas VS volcanes en Io (I)

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Crédito: NASA/JPL/University of Arizona

Las montañas no son lo primero en lo que nos fijamos cuando observamos a la luna Io de Júpiter. Este pequeño satélite, famoso por sus más de 400 volcanes activos, es un mundo bañado por la lava. Pero a parte de estos volcanes, existen otras montañas que no se parecen nada a ellos.

Además, también son diferentes a las montañas de nuestro mundo. Las montañas de Io son picos aislados que sobresalen de la nada. Desde el espacio se ven más bien como los chips de chocolate de una galleta.

Para los geofísicos planetarios como William McKinnon, profesor de ciencias terrestres y planetarias en la Universidad de Washington, las montañas de Io son un intrigante rompecabezas. ¿Cómo se han formado?

Como la superficie de Io es joven debido a su continua actividad volcánica, no es fácil poder estudiar la historia geológica de la luna mediante las observaciones visuales, por lo que los científicos tienen que realizar diferentes simulaciones para resolver el problema.

“Los científicos han pensados durante mucho tiempo que las montañas de Io podrían deberse a las continuas erupciones en toda la luna”, comentó McKinnon. ” Esta lava arrojada sobre la superficie genera un empuje hacia abajo debido a su peso, por lo que se activan fuerzas de compresión que aumentan con la profundidad”.

McKinnon y su antiguo alumno, Paul Schenk, escribieron un artículo que explica esta hipótesis en 2001.

El experimento numérico descrito en la revista Nature Geoscience prueba esta hipótesis mediante una simulación. “La gente ha estado comprimiendo los interiores planetarios sin límite para ver qué ocurre”, comenta McKinnon, “pero nosotros aplicamos la compresión de manera diferente porque en Io la compresión aumenta con la profundidad, la superficie no está comprimida. Pensamos que podríamos imitar esto biselando los bordes de una caja, comprimiéndola como harías con un acordeón.

Las simulaciones demuestran que la tensión se localiza en una fractura individual, o falla, que empieza a gran profundidad en la litosfera y rasga a través de la roca hasta alcanzar la superficie. Cuando alcanza la superficie de hecho sigue, formando un acantilado y estirando la superficie del bloque que queda encima.

“Es una sencilla demostración de cómo puede funcionar esto realmente”, añade McKinnon.
Así se podría explicar, por ejemplo, por qué hay erupciones recientes cerca de las montañas.

Más información en el enlace.

[Artículo cedido por Astrofísica y Física]

 

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