Han concluido mis vacaciones, y desde luego, han sido bastante «atípicas». Desde luego la COVID-19 ha marcado y dirigido nuestras vidas desde hace meses (y por desgracia lo seguirá haciendo), y este año, mi periodo vacacional era evidente que estaría marcado por la pandemia, dadas las restricciones existentes y las debidas precauciones que hay que tomar para evitar el contagio.

Pero más allá de todo esto, creo que aparte de recordarlas como las vacaciones-de-la-COVID-19, también debería recordarlas por el protagonista indiscutible del firmamento durante estas semanas: el cometa NEOWISE.

Y es que durante estos días he podido disfrutar junto con Verónica Casanova, de la observación de este espectacular cometa. Aparte de las fotografías que hayamos podido tomar, queda sobre todo el recuerdo de las horas que hemos podido disfrutar observándolo visualmente a simple vista y con prismáticos. Guardaremos de este cometa un hermoso recuerdo, al igual que en su momento lo hicimos del Hyakutake y del Hale-Bopp.

Y esas observaciones desde el patio trasero de nuestra casa, con prismáticos o a simple vista, me han hecho recordar principios de los años 80, cuando mis padres me regalaron el libro «El misterioso Universo» de la colección ‘El mundo en preguntas y respuestas’ de Ediciones SM, y en una de sus páginas mostraba a dos aficionados observando un cometa. Recuerdo como leía en aquellos momentos el libro y soñaba con algún día poder vivir una experiencia como la que se mostraba en aquella ilustración…

Por cierto, aún nos quedan algunas fotografías de este cometa por publicar…

🙂